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27/01/2010 Columna de opinión de la Coordinadora de Programa y Proyectos de FLACSO-Chile, Verónica Pinilla, publicada en el diario La Segunda, el miércoles 27 de enero de 2010. El sentimiento de derrota en muchos políticos y simpatizantes de la Concertación ha sido significativo. Y no es menor: varias generaciones se enfrentan por primera vez al hecho de vivir la política desde el otro lado de la vereda. El desafío estará marcado por las dificultades que significa oponerse a un gobierno piñerista que, a decir por sus líderes, continuará muchas de las políticas públicas iniciadas por la Concertación. Sin embargo, el duelo no puede ser sostenido por largo tiempo y el momento de lamentaciones debe dejar paso a uno de recomponer ideas y generar un plan político diferente. En el PS están en eso. Más aun, entienden que las posibilidades de lograr su vigencia y representatividad social pasarán por construir desde ahora ese plan. Para esto hay dos desafíos centrales que sortear. El primero es levantar un liderazgo alternativo al interior de la colectividad. Esto es —cambiando de paso la incondicionalidad que se tuvo a los gobiernos de la Concertación—, recomponer las confianzas perdidas y encontrar una más natural posición ideológica que refleje los valores de izquierda del siglo veintiuno. La tan esperada renuncia de Camilo Escalona deja una puerta abierta en este sentido, permitiendo que este conglomerado dibuje un futuro que le permita sobrevivir a estas divisiones y ser un referente con una nueva identidad social. El segundo desafío será asumir la decisión de reconstruir la Concertación o colaborar con una muerte digna para ella. Ya se han esbozado algunas ideas, en las que algunos sectores buscan generar una opción de izquierda con menos compromisos con la DC y por tanto más posibilidades de desplegar valores progresistas que sí puedan diferenciarse del proyecto político del próximo gobierno. La tarea de la nueva dirigencia PS, en definitiva, será mostrar inteligencia y madurez política para reconstruir la unidad, recogiendo a los heridos y seduciendo a sus actuales militantes a seguir dentro de sus filas. Además, convocando nuevos actores que luego de estas elecciones estén dispuestos a jugársela por un proyecto político que los represente. El objetivo es entonces diferenciarse del proyecto encabezado por MEO, el que hasta la fecha no ha sido capaz de ofrecer un camino de participación política responsable al electorado que lo apoyó. Es ésta tal vez la mayor enseñanza de las presidenciales: no basta con reflejar los descontentos políticos de la población, sino que hay que hacerse cargo de la construcción de una fuerza de izquierda que esté preparada para ser actor clave en el nuevo ciclo que se inicia.
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