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09.03.2010
Presidencia de Piñera inicia un nuevo ciclo político en la historia de Chile
La Razón (Bolivia)
Había planeado que sus últimos días en el poder estuvieran salpicados de actos celebratorios, homenajes, inauguraciones. La naturaleza, sin embargo, le reescribió la agenda oficial a la presidenta de Chile. El jueves 11, Michelle Bachelet dejará el palacio de La Moneda tras hacer frente a la peor emergencia que enfrentó el país en las últimas décadas, producto del poderoso terremoto y el posterior tsunami que sacudieron el territorio el pasado 27 de febrero.
El cambio de rumbo que dictó la catástrofe llevó la imagen de la mandataria saliente a escenarios en los que probablemente hubiera preferido no aparecer: actualizando cifras de muertos, llorando por televisión, convocando a Chile a hacer su aporte solidario para encarar la gigantesca, y costosísima, tarea de asistir a los damnificados.
Dicen que sólo había dormido dos horas cuando el terremoto se hizo sentir, a las 3.34 am. Llegó enseguida a la Oficina Nacional de Emergencias para informarse de boca de los expertos, presidió el primer comité de emergencia y declaró zona de catástrofe en las regiones de Maule y Bío Bío, donde los temblores dejaron una gran cantidad de víctimas y cuantiosos daños materiales.
Sin embargo, la oleada de críticas a su gestión no tardó en llegar.
A los saqueos e incendios que las fuerzas de seguridad no pudieron controlar se sumó la demorada llegada de ayuda a los damnificados, 72 horas después del sismo.
Más tarde, funcionarios de su gobierno reconocieron que una serie de fallas de comunicación con la Armada había frenado una alerta de tsunami que, emitida a tiempo, hubiera salvado miles de vidas.
Así llegó Bachelet al traspaso de la banda presidencial: un final imprevisto para una gestión que marca el cierre de 20 años de gobierno de la Concertación de centroizquierda y deja en manos del electo Sebastián Piñera y sus fuerzas conservadoras la tarea de poner en pie al país.
Presidenta popular "Uno toma decisiones y hace las cosas a su manera. Muchos se preguntaron al comienzo de mi mandato: ¿sabe esta mujer lo que está haciendo? Cuando hay algo nuevo, siempre genera suspicacias. Pero la gente se acostumbró y me creyó porque yo gobierno como soy", dijo la mandataria en un diálogo en exclusiva con BBC Mundo, unos días antes de la catástrofe.
Bachelet, la primera mujer al frente de este país andino, transitó por La Moneda con un índice de popularidad rampante. Tuvo su punto más bajo en 2007, con 35% de aceptación, pero creció hasta alcanzar el histórico 84% en el último tramo de su mandato.
A la hora de evaluar su legado, la misma mandataria tiene su lista de méritos, compartida por observadores y por gran parte de los chilenos: los avances en políticas de género, la mayor participación ciudadana y la expansión del sistema de protección social, tal como expresó en la entrevista con BBC Mundo.
Eso, hasta la irrupción del terremoto, que ha abierto grietas en la política chilena y no ha dejado margen al actual gobierno para recuperarse antes del traspaso.
"La manera como ha actuado la presidenta marca un quiebre en la percepción ciudadana. No cambia quizás inmediatamente la opinión sobre su persona pero sí puede cambiar la lectura que se hará de su legado: en parte, será juzgada por la manera como enfrentó esta catástrofe", opina la analista Marta Lagos, directora de la consultora MORI.
La "verdad" de los números En este sentido, las primeras encuestas de opinión tras el terremoto revelan resultados contradictorios.
Un sondeo realizado por Opina y publicado por el periódico El Mercurio, de tinte conservador, señala que la ciudadanía ha reprobado el desempeño del gobierno de Bachelet ante el sismo: 60,4% dice que la reacción fue "tardía e ineficiente" y casi 72% opina que demoró demasiado en restablecer el orden público ante la ola de saqueos registrados en Concepción y otras ciudades sureñas.
En tanto, la consultora Adimark, que semanalmente publica mediciones de opinión pública, marca una tendencia contraria.
"La presidenta Bachelet sale indemne de la hecatombe. En el estudio anterior, finalizado pocos días antes del terremoto, el resultado fue que un 84% de los chilenos aprobaba entonces la gestión de la presidenta. Pasado el terremoto, la aprobación resultó idéntica: 84%", detalló el informe al que tuvo acceso BBC Mundo.
Lo cierto es que ambas encuestas tienen un problema de fondo que resulta clave para lograr un registro ajustado del clima cívico: realizada una en el Gran Santiago y la otra por vía telefónica, dejarían por fuera a muchos de los más perjudicados y, presuntamente, más críticos. Son los pobladores del sur, y muchos que difícilmente puedan ser contactados por vía telefónica en un país cuya infraestructura ha sido severamente dañada.
Según analistas consultados por BBC Mundo, los muestreos opuestos llevan sin embargo a una misma conclusión: quizás sea demasiado pronto para hacer la "evaluación de daños" sobre la figura presidencial.
Críticas Una de las principales objeciones, que toca de cerca a la mandataria, fue la manera en que se dispuso el operativo militar ante la ola de violencia ciudadana que siguió a la catástrofe.
Con la llegada al poder del conservador Sebastián Piñera, Chile inicia un nuevo ciclo político que pone fin a veinte años de gobiernos de la Concertación, la coalición progresista a la que el futuro presidente ha pedido "sentido de la unidad" para afrontar la tragedia que vive el país. Hace diez días, la mente de Sebastián Piñera estaba puesta en cómo cumplir las ambiciosas promesas que hizo durante la campaña electoral y con las que logró el apoyo de 3,5 millones de chilenos, el 30 por ciento de la población en edad de votar.
Mejorar la salud y la educación que recibe la mayoría de la población, crear un millón de empleos y "ganarle batalla" a la delincuencia constituían de por sí un difícil reto para el primer mandatario de derechas que es elegido en las urnas en medio siglo.
"Queremos un cambio que signifique un mejor futuro, especialmente para la gente más humilde, la gente del campo y la gente de las regiones, que han sido los grandes postergados en los gobiernos de la Concertación", había dicho Piñera durante campaña electoral.
Y precisamente a esa gente fue a la que la Naturaleza golpeó brutalmente el pasado 27 de febrero con un terremoto que devastó las regiones del Maule y Biobío, con un balance provisional de medio millar de muertos y dos millones de damnificados.
Esta tragedia, que condicionará los cuatro años de su mandato, le ha obligado a cambiar los planes de gobierno antes incluso de ocupar su despacho en el Palacio de la Moneda.
Hace un mes, el mandatario electo presentó a su futuro gabinete.
Al igual que en 1958 hizo el presidente Jorge Alessandri, Piñera optó por rodearse de técnicos y empresarios, y desdeñó a los "operadores políticos".
De 22 ministros, sólo hay cuatro miembros del partido conservador Renovación Nacional (en el que militaba Piñera hasta hace unas semanas) y otros cuatro de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI).
"Este equipo encarnará la nueva forma de gobernar, un Gobierno que restablezca la cultura de hacer las cosas bien, en forma honesta y con un sentido de urgencia", dijo Piñera al presentar a su equipo en un acto cargado de simbolismo y solemnidad.
Y aunque intentó enmendar la plana nombrando a subsecretarios con un marcado perfil político, la decisión le costó el primer roce con los partidos que respaldaron su candidatura, que se quejaron de la inexperiencia política de los futuros ministros.
En un primer momento, Piñera tampoco encontró demasiado eco en la Concertación a su propuesta de revivir "la democracia de los acuerdos", en alusión al modelo implantado por el presidente Patricio Aylwin (1990-1994) tras la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
"Hablar de acuerdos tiene que ver más bien con una circunstancia política histórica que ya se acabó", le contestó Fulvio Rossi, presidente de los socialistas. Sin embargo, la Naturaleza se encargó de alterar la situación.
El pasado sábado, cuando se cumplía una semana de la tragedia, Piñera volvió a proponerle un trato a la oposición, un llamamiento al que esta vez los líderes de los cuatro partidos de la Concertación respondieron afirmativamente con tal de impulsar la reconstrucción del país y acelerar la atención a los damnificados.
Según la mayoría de los analistas, la presidencia de Sebastián Piñera no debería diferenciarse mucho de la línea seguida por los gobiernos de la Concertación, un modelo que combina la economía de mercado y el sistema de protección social y que hasta el terremoto parecía haber garantizado la estabilidad social y la prosperidad económica.
"El modelo de mercado va a continuar; el carácter diferenciador del futuro gobierno estará en el énfasis que haga en determinadas políticas sociales", dijo a Efe José Jara, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Además de practicar "un nuevo estilo de gobernar" y reconstruir las zonas devastadas, la otra gran prioridad del mandatario electo será impulsar las relaciones exteriores de Chile con Latinoamérica.
La llegada al poder de la derecha en Chile puede suponer un contrapeso para la izquierda en la región y extender el eje conservador que parte de México, atraviesa Colombia y llega hasta Perú.
Semanas atrás, Piñera debutó en el escenario internacional con su participación en la cumbre del Grupo de Río, donde presentó su agenda para Latinoamérica, que tendrá como prioridad las relaciones con Brasil y México, el acercamiento a los países vecinos (Perú, Bolivia y Argentina) y el reforzamiento de los lazos con Colombia y Ecuador.
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